jueves, 16 de febrero de 2017

Ixmiquilpan no es cualquier lugar.

 ES UNA TIERRA DE ANTIGUOS GUERREROS,
No pude dejar de fotografiar esta placa, donde se da la etimpología del nombre del pueblo. Porque soy medio lingüísta, si, porque me gustan las palabras... también...pero sobre todo por los hermosos días que pasé en este pueblo.
 Como todos los pueblos Ixmiquilpan tiene iglesias...
Algunas como ésta, con un hermoso parque donde refrescarse del calor de la tarde.
tiene un hermoso monumento de la Diana Cazadora...con palomas...

Y su fuente. tiene mucha gente paseando por las tarde, cenando bajo sus arcos y como era la fiesta de muertos, su plaza principal, tiene su tianguis de artesanías, ese blanco, que se ve al fondo.
Ixmiquilpan  tiene una biblioteca pública...me pueden decir como cualquier otro pueblo.
Pero frente a ella, hay un monumento a la literatura, en la figura de Don Quijote y Sancho.

Por si esto fuera poco, Ixmiquilpan tiene un río...
Con árboles añosos, 
 Un paseo costero, para caminar, correr o sólo disfrutarlo.

 Puentes para cruzarlo,
Y espacios llenos de misterio.
Ixmiquilpan tiene un parque ecoturístico, a dos o tres calles del centro.
En su interior se encuentran hermosos senderos,
 Un lago,


Y también un engendro de zoológico, que por respeto a mis hermanos no humanos, no quise fotografiar.
Pero no termina todo aquí. Hay mucho que me falta por ver, por eso quiero volver a Ixmiquilpan. Pero antes de despedirme, quiero mostrar dos cosas. Primero la organización de los antiguos pueblos, que no por ser antiguos, ´dejan de tener presencia, en el Ixmiquilpan de hoy.



No voy a decir nada, más que destacar su presencia y su organización, porque debo investigar más sobre quienes eran los antiguos habitantes de este pueblo.
Pero voy a mostrar algo, sólo una mínima parte de sus riquezas naturales.
 El rio en Tolantongo, con su color turquesa, propio del agua rica en minerales.

La entrada hacia las pozas, que me faltó recorrer, sólo porque mis afanes de investigación, morían en este hermoso río de aguas azules, donde pasaba largas horas del dia.
Y un poco del árido paisaje del entorno. Así de árido y triste quedaba yo al despedirme, de Tolantongo, de Ixmiquilpan, de una niña hña-hñu que me regaló la más espontánea y abierta sonrisa, que alegró mi mañana, y me hizo querer volver, una vez más, muchas veces a este pueblo de Hidalgo.
Ixmiquilpan queda en el Estado de Hidalgo, a dos o tres horas de la ciudad de México. Para ir en Autobús, se sale de la Central del Norte y se llega directamente. Yo personalmente soy una enamorada de Hidalgo, por sus paisajes, por sus aguas termales, pero muy especialmente por su gente, que espero tener la oportunidad de hacerles conocer.

Cholula. Puebla. (1)

Llegué a Cholula, la mañana de un 16 de septiembre. O sea, plena fiesta patria. Me habían dicho que Cholula, era la ciudad de las 100 iglesias, por lo que nunca sentí ninguna necesidad de conocerla. Con el tiempo alguien agregó que había una iglesia construída sobre la pirámide más alta del México antiguo. Eso ya empezó a interesarme.
Realmente estaba muy alta. Subimos   pero no entré porque estaba recuperándome de una bacteria que me había invadido sin permiso, y ya subir hasta allí, fuen todo un reto.

Lo que lamento realmente es no haber podido entrar a la pirámide porque había una larga fila y mi cuerpito no estaba en condiciones. Pero un día de estos me voy de nuevo porque también me comentaron que hay un nuevo tren Puebla-Cholula, y nunca lo vi. Y estas fotos es lo que más se le acerca, muy cerquita de la iglesia de la pirámide. Pero no me parece que sea una estación en funcionamiento.


Las obras del tren en realidad las vi anunciadas como uno de los logros del actual gobernador, asi que quiero ir a ver si son reales.
Pero, aunque mi paseo en general me dejó un sabor a desilusión, debo decir que hubo dos cosas que me gustaron mucho.
El Churipo que probaba por primera vez, un plato de carne cocinada con salsa en una bolsa, que se deshacía al tocarla de tan tierna, (la carne, no la bolsa que como sabemos, resiste todos los malos tratos) y que fue un atentado a mi vegetarianismo. Como se ve en la foto, no pusieron cuchillos en la mesa, porque realmente, no hacían falta.
Y la fiesta del pueblo, su gente tan sencilla y amable, sus artesanías, una delicia pasear entre los puestos.





El quiosco está adornado con los colores de la bandera y estaba todo el mundo en la calle, paseando, festejando, comiendo, compartiendo.
México es un pueblo muy creyente, en su mayoría creo. Parte de la gente también estaba en los prados del parque que rodeaba la iglesia.
Y me llamaron la atención los papalotes, o barriletes, que como aves mudas le daban otro color al festejo.
Quizá quede mucho por decir de Cholula, quizá nada o muy poco...lo sabré cuando tenga la oportunidad de volver.

La noche del 15 de septiembre

Vivir en México significa festejar su fechas patrias. Estas son llenas de color, de olor y sabor. En 2016 fui al centro de la delegación Tlalpan y aunque no me quedé mucho tiempo puedo compartir unas pocos fotos que ilustran la fiesta popular.

La gente se congrega desde muy temprano, desde que empieza a oscurecer o quizá antes, para pasear por la plaza principal, degustar platillos ricos y tradicionales y asistir a espectáculos y juegos en la "feria", lo que yo en Argentina conocía como parque de diversiones, que aqui no puede faltar en cualquier celebraión.

Como estuve muy temprano, en el escenario frente a la delegación, había juegos para niños de los que participaban con alegría frente a padres, amigos y familiares, su público cautivo, más todos los que pasábamos por ahí y nos quedábamos a disfrutar de un buen momento con ellos.
Aquí un sector de la feria. Cada pueblo tiene algunas peculiaridades en el festejo. En 2001, mi primer 15 de septiembre en México, estuve en la delegación Coyoacán. En cada esquina del parque había un escenario, y en cada uno, conjuntos de diferentes estados de la repúlica. Así que fue una delicia, en menos de un mes de llegada al país, empezar a conocerlo por sus ritmos. Me despido hasta la próxima celebración patria que me toque por aqui.

sábado, 9 de agosto de 2014

¿Dónde está el Inah? Malinalco

"Las Caritas" detrás del panteón, sin ninguna protección han sobrevivido 500 años, igual que esta "Mujer dando a luz" parte de "Los diablitos" escondidos entre los cerros, rodeados de maravillosos amates, que crecen en la piedra, pero abandonados de quienes debíeran protegerlos.

Malinalco, usos y costumbres.

Volvería sólo para hablar con la gente de los usos y costumbres de la comunidad. Pero aquí vamos a exponer sólo dos.
El primero, el ancestral tianguis de los miércoles, enfrente de la iglesia, alrededor de la plaza del kiosko. El centro, en pocas palabras. Allí, se llega fácil, desde todos los puntos. ¿Que puedo describir, que no sepamos? El color o mejor dicho, la danza de colores, de aromas, la gente pasando entre los puestos, la comida, la mercadería expuesta a la vista y al alcance de todos... el contacto con el vendedor siempre dispuesto a mostrarnos, a permitirnos tocar, a contarnos...
Además comer en el tianguis, es casi un ritual, un acontecimiento esperado con alegría durante toda la semana, una forma más del encuentro. No es lo mismo un "patio de comidas" individualista y forzado, típico de las plazas comerciales. 
Un detalle interesante en Malinalco es un edificio con techo a dos aguas, limpio y vacío a la entrada del pueblo, tras uno de los arcos de bienvenida. El mercado construido para erradicar el tianguis. Puestos pequeños, con una mesada al frente, separando al vendedor y sus productos del público, sin espacio para la exposición, sin lugar pensado para el contacto de la gente con los productos y mucho menos con los vendedores. En suma, un espacio pensado desde el poder, inconsulto, soberbio, inútil...
El mercado permanece vacío, porque los puesteros se niegan a ocuparlo. No me adentré en las razones, pero no hace falta mucho ingenio para comprender.
Al lado, un gran espacio que si ocuparon los artesanos de la madera y la piel, algunos al menos, quizá dos o tres. Es un amplísimo salón, sin divisiones, que se acerca más al espíritu libre de los tianguis.
Este es un tema casi para una tesis de antropología, al escribirlo me doy cuenta cuanto me falta preguntar, conocer y comprender. Lo tomo como un motivo más para volver a Malinalco, que casi no los necesita. 
Otra costumbre interesante, es sólo una de las cosas que suceden al enfrentarse con la muerte.
Tuvimos que pasar por el panteón para ver "las caritas" y nos sorprendió escuchar voces fuertes y risas. No le di mucha importancia, porque sé que la muerte provoca esa necesidad de reír, quizá por efectos del miedo o la angustia. Pero era tan hermoso el paisaje, al lado mismo de la pared vertical del cerro, con árboles, pájaros y silencio, que dije: !Aquí quiero morir! Y como buen bicho ciudadano, agregué: ¿Puedo comprar un lote?  Juvencio me miró con esa sonrisa en los ojos que hablaba más que sus palabras y comenzó a contarnos que la gente que estaba en el panteón, estaba cavando la fosa, para enterrar a su muerto, familiar o amigo.  Recordé ese hermoso poema de Rafael Alberti, "Romero solo", que les invito a buscar y leer.



El panteón es de la comunidad, cuando muere alguien, se debe pedir permiso, y los mismos familiares, pasan, eligen un lugar y cavan la última morada de su ser querido. 
Por la tarde, mientras buscábamos un lugar para hacer recuento de aventuras y comenzar a despedirnos del pueblo, las campanas (que son objeto de otra historia), comenzaron a tocar para esa otra despedida. Y de la iglesia, salió el cortejo, llevando en hombros al cajón, cantando y rezando. 



Todo fue "casual". La historia que comenzamos a vivir por la mañana, cerraba por la tarde. Pero nosotras sentíamos que estábamos envueltas por la magia de Malinalco, que se expresaba sin palabras, que no éramos turistas, sino parte de la vida del lugar, con sus alegrías y tristezas, con sus luchas y resistencias y sus formas particulares de vivir la vida y la muerte.

viernes, 8 de agosto de 2014

Malinalco (presentación)

Entre otras muchas cosas Malinalco es verde. Desde su sitio arqueológico se disfruta la vista del pequeño valle donde transcurre. Conocer este pueblo, fue idea de Irene, mi compañera ecuatoriana, que está en su etapa de visitar lugares cercanos al D.F. Debo confesar que el asunto de los Pueblos Mágicos me generaba bastante desconfianza, pero si hoy me preguntas, confieso que la magia, tiene un espacio en Malinalco.

Esta es una vista desde el sitio arqueológico, que confirma el color general, la primera impresión que se tiene, al llegar. Sin embargo, puede ser una descripción relativa, ya que estamos en agosto, plena temporada de lluvias. Llovió anoche mismo, torrencialmente, en una escala pareja de menos a más y luego otra vez a menos, hasta que las últimas gotas terminaron a la mañana. Desperté con la lluvia y volví a dormirme arrullada por ella. 
Cualquier página de internet puede contar las ventajas turísticas de este lugar, no quiero escribir sobre turismo. Después de algunas experiencias, pensar en vacacionar en el Estado de México, no me atraía demasiado. Pero todos mis prejuicios se fueron cayendo, uno a uno, en cada encuentro, en cada vivencia. Desde mi primer contacto telefónico con el encargado del hotel, que me indicó como llegar en transporte público, hasta el taxista que nos llevó de vuelta a Chalma para regresar, cada persona, fue una persona de confianza. 
Juvencio es el dueño de un triciclo que podría llamarse el "Malintour". Mucho más vital que un taxi, más rápido que andar a pie cuando sólo se tiene sólo un día para conocer los misterios que se anuncian, la moto y su carrito adosado, fue una aventura divertida e irrepetible. Don Juvencio resultó ser un conocedor y un amante de las riquezas de su pueblo, y nos adentró en ellos como quien va corriendo las páginas de un libro de cuentos. Experto en su oficio, no nos dio de más ni de menos, y nos dejó ese saborcito a poco, esas ganas de más, que hacen no sólo  a un buen operador turístico, sino al amigo que se conoce y se quiere volver a ver.
Los lugares donde comimos, la fiesta del pueblo  a la que tuvimos la puntería de llegar, las historias, el mercado nuevo y el viejo tianguis que ilustran el espíritu de la gente y la inoperancia de las autoridades, don Macario, el artista huichol, los usos y costumbres de la muerte... me darán tema para recordar y contar, hasta que pueda otra vez, tener la suerte de armar mi mochila y salir de viaje.